martes, 30 de julio de 2019

Del cielo a Madrid: Faro de Moncloa

A veces, las grandes ciudades plantean muchas cuestiones técnicas al viajero. El miedo a dejarse "imprescindibles" sin visitar se ha ido diluyendo a medida que las guías y las redes han llenado sus páginas de información variopinta. Hoy en día, sin que el visitante haga tremendos esfuerzos de búsqueda y lectura, puede confeccionarse una ruta hecha a su medida sin moverse de su sofá.
A pesar de los grandes avances, el viaje a una gran ciudad siempre hace resurgir ciertos temores, sobre todo a la hora de la movilidad. Por suerte, la mayoría de ciudades cuentan con un excelente transporte público que facilita la rápida llegada a los lugares. Aunque todo son grandes ventajas hoy en día, las nuevas comodidades han mermado nuestros instintos de orientación, incluso han cambiado la forma de viajar, masificando determinados espacios y vaciando otros.
Parece cosa del pasado, pero hasta hace relativamente poco no existían los GPS en los vehículos, y mucho menos en los móviles. El mapa impreso en papel, que ha veces se acercaba a la escala 1:1 era la única referencia en el mejor de los casos. Aunque el gigantesco panfleto era de gran ayuda, el viajero siempre se orientaba basándose en edificios clave, montañas, ríos, etc.
Por "culpa" de la tecnología, parece que el visitante ha perdido ese instinto, esa necesidad de orientarse, puesto que cuenta con la seguridad de llevar un guía cibernético en su bolsillo.
Yo, amante de las nuevas tecnologías, apuesto por confiar en los servicios que éstas nos ofrecen, pero sin dejarnos "aborregar" continuamente. Debemos usar la manera tradicional de orientarnos y valernos por nosotros mismos, de caminar decididamente hacia nuestro destino sin vacilación, incluso preguntando a los naturales del lugar, acto que va diluyéndose y perdiéndose poco a poco.
La alternativa humana para simular al famoso satélite de Google es aprovechar la orografía de las ciudades y buscar sus puntos más altos para hacernos una idea de sus dimensiones y poder tomar puntos de referencia.
El Faro de Moncloa:

Vista general desde el suelo
Ubicado al Noroeste, en el barrio de Moncloa (como su propio nombre indica), se trata de una torre diseñada por Salvador Pérez Arroyo. Su finalidad inicial era la de ser un punto elevado para instalar antenas de comunicación, aunque hoy es más conocida por su rol turístico. 
Su construcción, diseñada en 1990 y realizada en 1992, no estuvo exenta de polémica, puesto que la torre se consideraba insegura a todos los efectos debido a la torpeza o negligencia en su diseño y construcción. Al poco de su inauguración, y siguiendo la tradición española de brillar con luz propia en los gazapos de sus edificios más megalómanos, tuvo que ser cerrada al público, debido a la caída de chapas y otros objetos que el fuerte aire había arrancado de cuajo. 
Los problemas continuaron cuando se revisó el plan de incendios tras el monumental siniestro que se originó en el edificio Windsor en 2005. Ante el peligro de una gran catástrofe en el Faro de Moncloa, este estuvo cerrado al público hasta 2009, cuando 5 millones de euros del erario público fueron destinados a la torre para que cumpliera los requisitos mínimos de seguridad. 
Como curiosidad, decir que la escalera que recorre el interior del edificio producía descargas de electricidad estática importantes, haciéndola muchas veces impracticable. 
La guinda del pastel llegó en 2016, cuando una chispa en la sala de máquinas de los ascensores que suben hasta la cúpula originó un incendio, llegando a cortar la aledaña A-6 por la caída de cascotes. A pesar de todo, el mirador fue desalojado con éxito sin tener que lamentar daños personales. 

Incendio de 2016. Fuente Alberto C
A estas alturas, más de uno estará pensando si la finalidad de esta entrada es recomendar o difamar este enclave madrileño. Desde mi punto de vista, un visitante tiene que conocer la historia (truculenta o no) de los lugares que visita.
Si dejamos de lado las caídas de cascotes, los incendios y demás "incidentes", la posición del faro es inmejorable. Con una altura de 110 metros, se sitúa en el top quince de edificios más altos de Madrid. Lamentablemente, la mayoría de esos edificios son privados, lo que hace casi imposible la visita a sus enormes azoteas. 
Evidentemente, el visitante no puede acceder a la cota 110, puesto que es la antena que prevalece sobre el mirador, por lo que la altura real es de 92 metros. Aproximadamente, sería como si el visitante subiera a un piso 30. Para poner la altura en contexto, la archiconocida "Torrespaña" tiene 232 metros, y la "Torre de cristal" del distrito financiero alcanza los 249 metros. 
No será el edificio más alto, ni el más seguro en caso de emergencia, ni siquiera será el más bonito, pero su visita merece la pena. 

Vista sureste, el Arco de la Concordia parece minúsculo

La entrada es muy asequible, y la subida al mirador se hace cómodamente a través de su rápido ascensor (92 metros en 50 segundos). El número de personas que pueden permanecer simultáneamente es limitado, lo que nos otorga un plus de tranquilidad para apreciar las vistas. 


Al situarse en un barrio periférico de la almendra madrileña, la inexistencia de obstáculos visuales nos permite ver incluso la sierra de Madrid. 

  
Para los foráneos, los mapas que ofrece el interior del mirador, permiten identificar todos los edificios visibles y contar parte de su historia. Como digo, una gran ciudad, es recomendable verla desde las alturas, y hacernos un mapa visual de dónde nos encontramos y fijar nuestros objetivos. 

El skyline de Madrid se vislumbra a lo lejos
Debido a las características de la ciudad, si planeamos nuestra visita al Faro de Moncloa, debemos de tener en cuenta las condiciones meteorológicas, y asumir que la contaminación enturbia un poco las vistas. 
Aunque una amplia zona de la plataforma está descubierta, está prohibido el acceso por motivos de seguridad, por lo que nos conformaremos con contemplar Madrid a través de las inmensas cristaleras que rodean todo el mirador. 

Detalle del Skyline y las torres Kio
En medio del mar de hormigón, las vistas nos ofrecen también paisajes naturales en la gran urbe, puesto que el faro se sitúa junto a la casa de campo, lo que nos permite ver ese difícil equilibrio entre la jungla de asfalto y los espacios verdes.

La lucha eterna entre naturaleza y humanidad
A pesar de los inconvenientes secundarios, recomiendo la visita al Faro de Moncloa, a poder ser, antes de visitar la ciudad y sus incontables puntos de interés.



miércoles, 26 de junio de 2019

Hueso a hueso, cráneo a cráneo. Cementerio Fontanelle (Nápoles, Italia)


Una colina, ubicada en la zona napolitana de Materdei, guarda uno de los mayores atractivos que unen la magia, el esoterismo, el horror y otros muchos calificativos algo sobrecogedores. Excavada en el propio monte, una amplia cueva recibe al visitante casi escondida entre las callejuelas que recorren este barrio italiano.


Barrio de Materdei 
Antes de sumergirme en la oscuridad de la cueva, me gustaría hacer una breve descripción de Nápoles y sus gentes:
Probablemente, la gente ya conozca la mala fama de esta ciudad costera italiana y todas sus zonas circundantes. Las preguntas más frecuentes de los visitantes divagan sobre la seguridad de la ciudad, pues Nápoles es, sin duda alguna, una de las urbes más peligrosas en apariencia. 
Puesto que no he residido en la ciudad, mi visión siempre será subjetiva y personal (no pretendo otra cosa), y no quiero entrar en conflictos como los que vemos en numerosos foros con opiniones encontradas entre visitantes, locales y gente desinformada. 
En mi opinión, Nápoles sí es una ciudad peligrosa, el índice de delincuencia es elevado a nivel de robos, pero además, la violencia y la tensión subyacen bajo una aparente calma en la vida local. 
Según los habitantes de esta gran urbe, la posibilidad de un robo está siempre presente, como en cualquier gran ciudad europea, pero también es cierto que ciertos colectivos, como las mujeres, descartan la opción de salir de noche, incluso si van en grupos numerosos. Esta opinión, fue expresada por una guía italiana, quien asimilaba como "normal" el hecho de no poder salir de noche. Evidentemente, esta afirmación es perturbadora, puesto que la mayoría de las europeas no tienen miedo a que el sol se esconda en su propia ciudad.
Lamentablemente, la realidad es que la vida napolitana de noche se ve muy mermada si la comparamos con la actividad cotidiana del día. Incluso el bullicio del tráfico da paso a una incomprensible soledad en las calles centrales de la ciudad. 

El Vesubio, preside el Golfo de Nápoles (vista desde la ciudad)
 La limpieza de las calles brilla por su ausencia. Toneladas de basura se acumulan en las calzadas, las aceras, incluso las casas. Además de la basura, el estado de las construcciones a veces es lamentable, las grietas en las fachadas, los pavimentos en mal estado y los tejados que amenazan ruina dan a Nápoles un aspecto terrible en comparación con otras ciudades turísticas. 
A pesar de que es una ciudad plenamente turística, sobre todo en verano con el desembarco de miles de visitantes procedentes de los cruceros, a priori no parece el típico paraíso que algunos venden.  
En las zonas cercanas a la estación central, desde la que parten numerosos trenes y autobuses, muchos hacia la conocida ruta circunvesubiana, el ambiente de caos es palpable. En cada calle, en cada esquina, el menudeo de droga y otros artículos ilegales es constante, a plena luz del día, y al amparo de las autoridades. 
Cabe recordar que esa zona de Italia está duramente controlada por las familias más importantes de la mafia, que son las responsables del menudeo, de la no recogida y el no procesamiento de los residuos que genera la ciudad. Como dato curioso, podéis entrar en diversos establecimientos de comida u otros negocios, si tenéis "suerte", os daréis cuenta de que muchos de ellos no venden lo que anuncian, y que posiblemente sean tapaderas de negocios mucho más sórdidos. Antes de ser crucificado a comentarios sobre esto, aclarar que me baso en vivencias personales. 



Desgraciadamente, según el servicio turístico de la zona, la única manera de que no te roben objetos de valor como cámaras, móviles y dinero es que no las saques de tu vivienda. El eslogan "si lo quieres conservar, no lo saques del hotel" es profundamente desalentador. 
Pese a lo dicho anteriormente, un visitante ajeno a la ciudad, puede pasear tranquilamente por la mayoría de barrios, tomando las mismas precauciones que en otras ciudades como Madrid, París o Londres. Aunque los napolitanos parezcan ariscos, en realidad la inmensa mayoría no suponen ninguna amenaza. 


El ejército se despliega en los puntos neurálgicos de la ciudad
A pesar de mis sensaciones personales, no creo que haya que temer por la integridad personal ni por los objetos materiales que llevemos, basta con tener un poco de sentido común.
Dejando a un lado esta cuestión, nos adentraremos en las entrañas del pasado de la ciudad, donde los más susceptibles vivirán una experiencia realmente aterradora.

Durante siglos, el barrio Materdei estuvo extrayendo materiales de origen volcánico que su inseparable Vesubio había vertido siglos atrás. La colina, fácilmente erosionable debido a la porosidad y su extremada inconsistencia fueron dando paso a un circuito de galerías y oquedades moldeando galerías de techos elevados y gran altitud. 
En el siglo XVI, Nápoles sufrió una serie de infortunios considerables que mermaron su población. El hambre, los terremotos, las erupciones del volcán cercano y las muertes naturales o por enfermedad, forzaron a la población a improvisar en pequeñas galerías de distintos montes cementerios provisionales. Con una ciudad desolada y parcialmente destruida, no había tiempo físico ni recursos para enterrar "dignamente" a las víctimas de todas las catástrofes. El miedo a las enfermedades en forma de plaga como el cólera, hicieron que los muertos fueran acumulándose en distintos nichos improvisados bajo los montes verdes. 
Tras los virulentos acontecimientos, los cuerpos fueron agrupados, sobre todo en la colina Capodimonte, que es donde se encuentra ubicado el cementerio de la Fontanelle. Se calcula que llegó a albergar 9 millones de huesos, puesto que los cuerpos ya se habían desintegrado. 

Entrada a la gigantesca cueva
Cabe destacar, que los restos de las personas que allí reposan tienen en general un nexo común: la pobreza.
A pesar de las múltiples tragedias, las familias acomodadas podían permitirse enterrar a sus muertos en condiciones normales, mientras que los vagabundos, los migrantes, y todo aquel que no tuviera un soporte económico o familiar, acababa en esta macro fosa común. 
Los 30000 metros cuadrados, albergan todo tipo de huesos, sobre todo tibias, fémures y cráneos, en perfecto orden, incluso algunos tienen la "suerte" de poder reposar sobre pequeños cojines cuidadosamente elaborados. 

Los cráneos se reparten por todas las esquinas de la cueva
A pesar de que fueron olvidados en un principio, el cariño de los napolitanos hacia este osario, sobre todo los vecinos y vecinas del barrio Materdei, ha conseguido dar un cobijo eterno mucho más acogedor. De hecho, son muchas las familias italianas, que "adoptan" un cráneo o un cuerpo, cubriéndolo de ofrendas y buenas intenciones. Aunque el término adoptar pueda resultar macabro, es la expresión que ellos mismos utilizan a la hora de hacerse cargo de los restos.

Las ofrendas son habituales en la Fontanelle
A pesar de lo que puede parecer, y de lo impresionante del lugar, el sitio transmite una sensación de paz y tranquilidad, a pesar de estar rodeado de millones de huesos humanos.


Muchos de los cráneos, muestran sobre sus cabezas monedas actuales de escaso valor, que son utilizadas para honrar a la víctima y demostrar que ya está apadrinada. 
Este osario, nos da una lección que algunos no quieren aprender, y es que bajo nuestra raza, etnia o religión, al final todos somos exactamente iguales ante la muerte. Allí no se diferencia a las personas, y juntas muestran un destino inevitable para todos los que a día de hoy aun respiramos. 
La única diferencia palpable en el cementerio es la edad, puesto que los cráneos más pequeños, evidentemente, pertenecen a personas de corta edad. 

Un niño reposa en un ataúd fabricado y honrado por una familia
Incluso con el enorme cariño y respeto que han mostrado los habitantes vivos con la "ciudad de los muertos" como muchos la llaman, el espacio tuvo que ser cerrado en 1969 por prácticas macabras y otros ritos no respetuosos. Afortunadamente, la calma volvió al lugar y hoy en día se puede visitar, siempre desde el respeto, este espacio tan impactante. 

Capilla dentro de los subterráneos
Como se puede apreciar en las imágenes, existen zonas para la oración dentro del credo católico habilitadas por los diferentes túneles.


En este caso, los laterales del altar, sirven como depósito de innumerables huesos que rodean una imagen cristiana.

Tres grandes cruces decoran el final de la cueva
Esta ubicación, para muchos conocida, es visitada también por escolares, puesto que por crudo que parezca, los más pequeños tienen que conocer la historia de su ciudad. 


La escasa iluminación en algunas partes de la cueva, hace que nos sintamos literalmente cara a cara con la muerte. Para los aficionados a la fotografía, este lugar es fuente de inspiración, puesto que son millones las posibilidades de obtener fotos "fuera de lo común". 

Vestido original
Este vestido, posiblemente del siglo XIX, es sumamente interesante, puesto que se observa a delicadeza de sus tejidos, a la vez que nos ofrece una estampa de película de terror. 



En definitiva, el "Cimitero Delle Fontanelle" es uno de los imprescindibles si decidís viajar a Nápoles o sus proximidades. 


martes, 2 de octubre de 2018

Foz de Lumbier (Navarra)

A menudo, los parajes en los que la naturaleza es la protagonista, suelen ser lugares escondidos, protegidos de la mano del hombre por esbeltas montañas y por vegetación abundante, pero a veces la norma se rompe. Un caso claro es la Foz de Lumbier, un paisaje a escasos dos kilómetros de una de las autovías que vertebran la comunidad navarra sirviendo de unión con la comunidad de Aragón. 
El río Irati ha ido sesgando las rocas circundantes a lo largo de milenios, convirtiendo el paisaje en una enorme garganta labrada en la piedra. 


Rio Irati en su descenso por la Foz 
La palabra "Foz", perteneciente a un idioma casi extinto, significa cañón profundo por el que discurre un río, y es endémica de la zona. Como suele ocurrir en algunos monumentos naturales, su propio nombre define lo que nos vamos a encontrar. 
El aparentemente inofensivo río Irati se desplaza suavemente por el fondo del barranco, rodeado de vegetación y de fauna. 
Para nuestra suerte, los 1300 metros más escarpados de esta garganta se pueden hacer a pie, por una vía apta para todos los públicos, contando incluso con un parking a la entrada del recorrido. 
Este espacio está catalogado como parque natural, y no es para menos, puesto que su riqueza naturística es muy elevada. 
El sendero, en ocasiones horadado en la montaña, nos acerca al extremo más estrecho de Lumbier, en el que apenas 20 metros separan una pared de la otra. 

Túnel horadado en la roca
En todo momento, si nos detenemos a contemplar las escarpadas montañas de nuestro alrededor, podremos observar innumerables buitres, que eligen este paraje para anidar y vivir. 


Si no contamos con la suerte de verlos posados sobre las rocas, seguro que podremos contemplarlos volando sobre nuestras cabezas en busca de carroña para alimentarse. 


Toda la ruta se encuentra perfectamente señalizada, incluso han habilitado caminos más o menos agrestes para poder tocar el agua del Irati, que baja fresca durante todo el año. Aguas arriba, este río nace de las confluencias del Urtxuria y Ulbeltza, lo que da nombre a la selva que rodea su nacimiento, y que es uno de los lugares con más belleza de toda la comunidad foral: La Selva de Irati.


Esta garganta cuenta con su leyenda particular. Un puente, levantado en el siglo XVI, que ahora se encuentra en estado de ruina, es el protagonista de un extraño pacto entre una jóven y el diablo. Según cuentan las malas lenguas, Clisatela, una humilde sirvienta de una dama acaudalada, tenía que cruzar el río Irati sin barca para buscar aguas medicinales para su señora que se encontraba enferma. La corriente era muy fuerte y ya caía la noche sobre la zona, así que la joven comenzó a desesperar. En un momento dado, el diablo se le apareció, y le prometió construir un puente a cambio de su alma. En su contrato verbal, el puente debía de estar construido antes del amanecer, pero el diablo se retrasó en la construcción. A primera hora de la mañana, el diablo mostró a la joven el puente construido, pero se salvó de entregar su alma, por lo que la doncella rebautizó el puente como "Puente de Jesús". 
Aunque la historia es digna de contar, la realidad es que los ingenieros que lo construyeron, lo bautizaron así debido a la complejidad orográfica del terreno, y a los quebraderos de cabeza que tuvieron que soportar para levantarlo. Finalmente, tras 200 años de uso, en torno al año 1810, es demolido por las tropas francesas por motivos estratégicos. 

Restos del Puente del Diablo
El controvertido puente se encuentra al final del recorrido, donde la montaña acaba y empieza la llanura. Tras tomar un pequeño desvío podemos observar sus ruinas. 
Esta zona, es probablemente la más estrecha de todo el cañon. Sus elevadas paredes verticales, la flora, y el color del agua crean una estampa asombrosa como despedida. 


A escasos metros de la autovía, y en línea con la salida del río, tenemos la Villa Romana de Liédena, a la que merece la pena acercarse dada su cercanía. 
Aunque, como es evidente, ya queda poco del complejo antiguo, podremos observar las delimitaciones de las construcciones y otra vista más alejada de la Foz de Lumbier. 

Villa Romana de Liédena con la Foz de Lumbier de fondo
Debido a la sencillez en sus accesos, y a su gran belleza, la Foz de Lumbier es uno de los imprescindibles de esta zona navarra. 








Lago de Bañolas (Gerona). Un remanso de paz.

Este lago fue creado hace miles de años, debido a los movimientos tectónicos de los Pirineos. La piedra kárstica, los abundantes acuíferos y su fondo impermeable, dieron lugar a esta masa de agua que en la actualidad es la más grande de toda Cataluña. 
Sede olímpica de remo, el lugar se ha convertido en lugar de entrenamientos al más alto nivel en todo tipo de deportes acuáticos. Por otra parte, son muchos los que se acercan a la zona interesados en deportes como el senderismo, la natación, la pesca, o simplemente buscando un lugar plácido donde descansar. 


Lago de Bañolas
Si accedemos al lago desde el pueblo con idéntico nombre, encontraremos multitud de senderos perfectamente habilitados por los que pasear. En temporada de verano, son muchas las familias que deciden pasar el día por la zona, ya que tiene grandes praderas de hierba con abundante sombra. También encontraremos indicaciones de las escasas zonas donde está permitido el baño. 
El lado Este del pantano es el más recomendable y más acondicionado para pasear. En el recorrido encontraremos gran variedad de flora y fauna del lugar, como nenúfares y patos como ejemplares destacados. 


Los troncos que forman parte de las raíces de los árboles cercanos dan gran belleza a la zona. Las simpáticas aves acuáticas se encuentran a lo largo del camino en un número más que abundante. Acostumbradas al ser humano, es fácil darles de comer a escasos centímetros, incluso algunas se toman la licencia de apropiarse de la comida sin preguntar. 


Bordeando el lago, y bien comunicadas, se encuentran una serie de casetas semiflotantes dedicadas a la pesca. Esta suerte de casas, en ocasiones más parecidas a palacios en miniatura, pueden ser alquiladas, ofreciendo al visitante unas inmejorables vistas de toda la masa de agua. 


Estas casas de ensueño son conocidas como "pesqueras", atribuyendo claramente el nombre a la utilidad para la que fueron construidas. 


Como ya he comentado, estas pesqueras tienen formas muy singulares, y aunque desde el exterior podrían parecer pequeñas, algunas tienen espacio y servicios necesarios para pasar una buena temporada. 



Todas las pesqueras disponen de un recinto cerrado, una terraza, y un pequeño muelle desde el cual se puede pescar o amarrar una embarcación. 

Nenúfar
Al igual que otros grandes lagos, Bañolas cuenta con su propia leyenda popular, según la cual, Carlomagno pasó cierto tiempo en Gerona, donde se contaba que un gran dragón habitaba esta gran masa fluvial.
Con arrojo y determinación reclutó a su ejército y ascendió al lago, pero cuando el emperador se encontró con la supuesta fiera, acabó refugiándose de ella ayudado por San Emeterio, quien poco más tarde erigió el Monasterio de San Esteban en honor a la supuesta hazaña salvadora. Según la leyenda, el dragón de Bañolas sigue ocultándose en sus aguas, pero nunca nadie lo ha vuelto a ver. 
Hasta la fecha, sólo queda verificada la existencia de un gran animal, para nada mitológico, que habitaba estas aguas hasta hace no mucho. Se trata de una carpa de tamaño descomunal apodada "La Ramona", un pez obeso que se convirtió en casi una atracción turística de relevancia en la zona. 


La Ramona
Esta gran carpa (al igual que sus sucesoras y herederas), se mantenía en una jaula adosada a una de las pesqueras, y la gente le gratificaba con abundante comida de todo tipo, creándo en el animal una obesidad dudosamente sana. 
Aunque la carpa sea inofensiva, este lago cuenta con su propia historia negra. Debido a la avaricia de los propietarios de las embarcaciones turísticas, en el pasado se han producido accidentes importantes. Reseñable es el ocurrido en el año 1998, donde más de veinte jubilados franceses murieron al volcar la embarcación de recreo donde viajaban. El accidente se produjo debido a la sobrecarga del barco, lo que derivó en un extenso juicio que se prolongó durante años. 
Estos accidentes vienen ocurriendo desde inicios del siglo XX, provocando heridas a personas e incluso la muerte, lo que hace que una sombra de misterio sobrevuele el lago. 
Evidentemente, estos accidentes son debidos a negligencias graves de sobreaforo en los barcos. A día de hoy, las nuevas regulaciones hacen que la posibilidad de un nuevo accidente se diluya hasta términos relativamente "normales". 
De hecho, recomiendo un paseo por el lago en alguno de los barcos que ofrecen este servicio, incluso uno de ellos posee un motor eléctrico, algo que no es muy habitual y protege este enclave de fauna y flora. 

Barco eléctrico destinado al turismo
Con este paseo fluvial, sin humos, y rodeados de aves, conoceremos la historia del lago gracias a una megafonía que comenta cada lugar en varios idiomas. El circuito dura apenas una hora, pero merece la pena si queremos hacernos una idea de la enormidad de esta masa fluvial. 
El lago de Bañolas también ofrece un sinfín de actividades acuáticas y deportivas, como el alquiler de kayaks, barcas, y otras actividades para los más atrevidos y deportistas.


Como dato relevante y macabro, decir que la localidad de Bañolas se vio envuelta en la polémica, tras la exhibición de un habitante originario de Botswana disecado. Este horripilante monumento, había pasado desapercibido, pero en un momento dado pasó a las crónicas de los periódicos y tuvo que ser retirado y retornado a su país de origen. El cuerpo, apodado "el negro", fue traido por un comerciante francés y supuestamente era un guerrero que había muerto en 1830. En aquella época, era común que los "exploradores" trajeran a Europa animales de todo tipo disecados, pero nunca nadie había traspasado tantas líneas rojas como para traer a un pequeño hombre a modo de "trofeo". 

Antigua postal donde aparece "el negro" ubicado en Bañolas
A pesar de la a veces tortuosa historia de este paraje, es un sitio muy recomendable, donde entrar en contacto con la naturaleza y la fauna. Para los amantes de la fotografía, Bañolas se convierte en un inagotable nicho de inspiración. 





miércoles, 19 de septiembre de 2018

Teruel. Una pequeña gran ciudad.

Durante el pasado reciente y la actualidad, Teruel y su provincia, han estado prácticamente abandonados de cara a España en lo que a inversiones, promoción y recursos se refiere. Durante la anterior década, el movimiento "Teruel existe" se abrió un mínimo hueco en los informativos consiguiendo parcialmente su objetivo de visibilización de este gran problema. La zona, con sus cuencas mineras y su sector primario en detrimento, necesitaba ayuda urgentemente. La despoblación es una enfermedad que a día de hoy sigue padeciendo todo el territorio aragonés. Lo que empezó siendo un lema reivindicativo, a dado paso a posteriores mofas y burlas, más o menos, bien intencionadas.
La realidad en Teruel sigue siendo complicada, y cuando viajas por la zona, te das cuenta que la provincia turolense al completo ofrece mucho más de lo que se pueda imaginar. Sus enormes pinares, sus serranías, su inconfundible color rojizo en la tierra provocada por el rodeno, un mineral muy abundante en la zona, sumado a la amabilidad de sus gentes, son dignos de mención. 
A mi modo de ver, la gran sorpresa de la zona la esconde su capital. Una ciudad limpia, ordenada, llena de curiosidades en cada rincón y portadora de grandes historias. No hay que olvidar el hecho de que Teruel es una de las localidades donde más patrimonio mudéjar podemos encontrar, como así lo constata la Unesco. 
El arte mudéjar consiste en las construcciones, cerámicas, vidrieras, y otros estilos artísticos, que aun siendo cristianos, conservan características musulmanas. Esto se debe a la enriquecedora convivencia de las dos culturas que vivió la zona hasta la expulsión de los moriscos. 
Como suele ocurrir en toda esta línea gruesa que atraviesa España de Oeste a Este, la fundación de Teruel se remonta a los tiempos de los celtíberos, siendo posteriormente ocupada por los romanos. 
En el año 1171, el rey aragonés Alfonso II, tomó la ciudad para reforzar su territorio, puesto que los Almohades (facción de corte musulmana), dominaban los territorios aledaños de la actual Comunidad Valenciana.
En torno a esta conquista a manos del rey, surgió la leyenda que animó a este ejercito cristiano a tomar la ciudad, pues según cuentan, un toro mugió en un monte bajo una estrella, y los visionarios de la época lo consideraron una señal para comenzar el ataque. Según la leyenda, esta estrella llevaba por nombre "Actuel", que combinada con el nombre del animal (toro), dio origen al nombre de la ciudad: Teruel. La enrevesada historia ubica dicho toro en el mismo punto donde hoy se erige la figura del astado, representativo de la ciudad. 


Pilar sobre la fuente que sustenta "el torico"
A pesar de lo que podamos pensar, no levantaron una fastuosa escultura, sino más bien una pequeña figura, de ahí su calificativo habitual: "el torico". 
En las fiestas patronales, uno de los actos de la fiesta consiste en atarle un pañuelo del tradicional color rojo a la miniatura del astado, para ello, se ayudan entre los jóvenes de la localidad a auparse hasta él, convirtiéndose en un espectáculo masivo. 

El torico, detalle
Aunque la figura tiene su leyenda, sin duda, no es la más relevante. 
Los amantes de Teruel cabalgan entre la fábula y la historia, sin todavía conocerse si las desventuras de esta pareja fueron ciertas. Resumiendo mucho, podríamos decir que en el siglo XIII, dos amantes trataron de casarse, pero los impedimentos por parte de la familia de la novia llamada Isabel de Segura, en cuanto a la nula fortuna del hombre, lo impidieron. La desdichada pareja se otorgó el plazo de cinco años para obtener una estabilidad económica que lograra el cambio de parecer de la familia. En esos años, el joven Diego Marcilla, se trasladó al frente contra los musulmanes, lejos de Teruel. 
Una vez finiquitado el plazo, Diego no aparecía, por lo que se le dio por muerto, y la familia de la joven le encontró un matrimonio de conveniencia con un acaudalado personaje de la ciudad. Una noche, Diego consiguió colarse en la alcoba donde reposaba Isabel, pidiéndole un beso. La joven, por pudor ante su reciente matrimonio, se lo negó. "Dame un beso que me muero", repetía una y otra vez el joven, y ante la negativa de la que fuera su amor, falleció en esa misma estancia. 
Durante su entierro, la afligida Isabel, se acercó al ataúd y retiró la mortaja para besar el cuerpo inerte de su amado. Cuenta la leyenda que lo besó tan fuerte que murió a los pies del propio féretro, dándole en la muerte el beso que le negó en vida. 
Esta historia, digna de Shakespeare, se prodigó tanto que hoy en día parte de la cultura turolense gira en torno a esta leyenda. De hecho, uno de los lugares más visitados es el "Mausoleo de los Amantes". 

Estatua de "los amantes"
Este gran conjunto histórico está dividido en varias secciones, sobre la que destaca la destinada a los amantes, donde aun reposan en grandes sarcófagos sus cuerpos momificados. Como ya hemos comentado, este relato no es historia pura y dura, pero el tema se trata dándole absoluta verosimilitud. 

Mausoleo de los Amantes
Debo recalcar el hecho de que aunque las figuras parecen tocarse con las manos que tienen extendidas, simplemente es un efecto visual, puesto que las separan unos centímetros. Esta distancia resalta el final trágico de los dos amantes que nunca llegaron a poder vivir juntos y en paz. 
Según la historia, aunque en vida no llegaran a entrelazar sus destinos, a raíz de su fallecimiento, fueron enterrados juntos para afrontar la etapa de la muerte el uno al lado del otro.

Así reposaban los amantes en sus féretros. Fuente: Muy Historia
En el Mausoleo de los Amantes también podemos ver obras contemporáneas relacionadas con la leyenda y otros objetos de la época. 
Anexo a este espacio podremos visitar la Iglesia de San Pedro, construida a lo largo del siglo XIV. En este edificio las obras mudéjares son todavía visibles.  

Iglesia de San Pedro
Si seguimos con la visita al recinto, nos encontramos también con los claustros del siglo XIV, uno de los cuatro que todavía quedan en Aragón de estilo mudéjar. Todas estas construcciones han sido remodeladas y restauradas en distintas épocas, por lo que la mezcla de estilos es notoria. 

Parte superior de los claustros
Durante el recorrido por los amplios pasillos, podemos encontrar numerosas figuras, algunas de aspecto perturbador. 

Detalle de figura
El ábside y los jardines aledaños a la iglesia también pueden ser visitados. 

Vista exterior del ábside
Por último, podremos acceder mediante una serie de escaleras a una pequeña torre ubicada al margen de la fachada frontal de la iglesia. Desde el interior de la Torre de San Pedro, se accede al ándito, unas pequeñas galerías que recorren la planta del complejo y desde donde pueden apreciarse el exterior de la torre, las vidrieras y el rosetón de la iglesia.

Torre de San Pedro
Una vez finalizada la visita, recomiendo un paseo sin rumbo por las calles turolenses, puesto que poseen edificios de gran belleza y otros atractivos turísticos y culturales. 



Cabe resaltar que la ciudad de Teruel no es llana, puesto que se encuentra edificada en varias alturas. A base de viaductos la ciudad ha conseguido conectarse con los montes y depresiones aledañas, creando barrios enteros con un desnivel considerable. Es de agradecer, que la ciudad haya tenido en cuenta estos "sube y baja", facilitando la vida a sus ciudadanos con la instalación, por ejemplo, de un ascensor gratuito que conecta la parte nueva de la ciudad con el centro histórico. 

Ascensor
Este ascensor, a pesar de cumplir extraordinariamente bien su función, no es apto para las personas que padezcan algo de vértigo, puesto que las vistas, tanto desde la pasarela como las del propio elevador, pueden ser motivo de sufrimiento para los más asustadizos. 

Aunque el cristal está dañado, se puede observar la altura a la que nos encontramos
Si sois uno de los desafortunados que padecen vértigo, os recomiendo que os ahorréis este paso y guardéis fuerzas para subir a dos de los puntos de la ciudad más elevados, y que son de visita obligatoria: la Torre de El Salvador y la Torre de San Martín. 

Torre de El Salvador
La Torre de El Salvador, además de haber sido construida en un estilo casi totalmente mudéjar, alberga en su interior salas de exposición muy didácticas, en las que podremos entrar mientras subimos los angostos escalones que conducen a su cima. 
Una vez arriba, contemplaremos las imponentes vistas de la ciudad, y de fondo veremos la Torre de San Martín, muy parecida a esta, en el otro extremo del centro histórico. 

Cima de la torre
Aunque su tejado está cubierto, sus laterales no poseen cristales, por lo que el aire fresco está garantizado. Uno de los espectáculos es esperar a las horas en punto para escuchar el tañir ensordecedor de sus campanas. Recomiendo estar pendiente de la hora, puesto que el sonido de las campanas, sin ser esperado, puede provocar algún que otro fallo cardíaco.

Campanas esperando su turno
La torre de San Martín, guarda enormes parecidos con la de El Salvador, y también es posible su visita. 

Torre de San Martín
No menos importante es la catedral de la capital turolense, otra joya del mudéjar, y punto referente en España en este estilo de construcción. La Catedral de Santa María de Mediavilla es considerada como Bien de Interés Cultural. Su origen románico data su construcción alrededor del siglo XII, y se dio por finalizada al culminar la torre mudejar en el siglo XIII. En el siglo XV el estilo gótico se abrió paso colocando varios ábsides, dando como resultado una mezcolanza en los estilos según el tramo que observemos. En 1909, se aborda una gran restauración, esta vez basada las formas neomudejares. 
Uno de los grandes tesoros que contiene esta catedral es el techo interior de la nave central, compuesto por una techumbre mudejar estructural, algo extraño ya que este tipo de construcciones eran puramente ornamentativas. La pieza que observamos en lo alto de la catedral alcanza la nada despreciable longitud de 32 metros, y cuenta con numerosos ornamentos. 


Catedral de Santa María
Aunque toda la iglesia fue bombardeada en la guerra civil, posteriores reformas han borrado las huellas de los proyectiles. 


Techumbre. Fuente: Wikiwand

En la parte Sur de la ciudad, nos encontraremos con otra estatua dedicada a las fiesas patronales, en la que aparece un toro ensogado, con un mozo clavando una estrella en la cabeza del animal, mientras que un ángel alado frena la embestida del morlaco. Esperemos que dentro de no mucho tiempo, estas tradiciones queden simplemente reflejadas en estatuas y otros ornamentos como parte del pasado. 


Estatua del toro siendo detenido por el ángel
Debo recomendaros que si visitáis la zona turolense en temporada de frío, o incluso en estaciones medias, tengáis en cuenta la dureza del clima de la zona. El frío es un rasgo característico de estas preciosas tierras que no siempre son atentidas como se merecen, y que guardan enormes tesoros en su historia, sus gentes y sus monumentos. Teruel y sus habitantes os esperan con los brazos abiertos. 

Puente que da acceso al centro histórico