jueves, 1 de agosto de 2019

Cité del espacio en Toulouse (Francia). El sueño espacial hecho realidad.

Desde el principio de los tiempos, la cúpula celeste ha marcado nuestro destino, tanto espiritualmente, como geográficamente, incluso en términos de arquitectura. Basta con mirar la historia de las grandes civilizaciones para comprobar que el ser humano siempre ha tenido una enorme atracción por desvelar los misterios de ese cielo infinito que nos rodea. El espacio, con sus incontables estrellas, sus fenómenos naturales, y sus gigantescas distancias no hace sino empequeñecer al que las observa.
Las estrellas, la luna, los eclipses... han marcado la agenda de la agricultura, de los rituales, y de los grandes filósofos que han reflexionado una y otra vez sobre sus misterios.
El sueño de todo aquel que se sienta mínimamente interesado por la astronomía, o simplemente del observador casual, es adentrarse en ese vasto espacio de luces y oscuridad.
Lamentablemente, ese sueño es complicado de alcanzar, puesto que solo un mínimo grupo de elegidos tienen la oportunidad de conocerlo, aunque sea en umbrales próximos a nuestro planeta.
Por suerte, la "Cité de l´Espace" de Toulouse nos acerca un poco más a ese intrigante espacio y sus protagonistas.
Situada en las afueras de esta gran ciudad francesa, el centro museístico ocupa casi cuatro hectáreas de terreno, que se fueron ampliando a raíz de su inauguración en 1997.


 La gigantesca maqueta de 55 metros de altura, réplica de la misión Ariane 5, nos da la bienvenida, y es visible a kilómetros de distancia. Aunque la explanada al aire libre ofrece una gran variedad de distintas naves y satélites, por su tamaño y su arquitectura, esta es sin duda la más destacada. En su base, una pequeña sala, imita el centro de control del lanzamiento, siendo totalmente interactiva, puesto que cualquiera puede ejercer de ingeniero y ayudar a que el cohete despegue en una completa simulación.


A su alrededor, se encuentran diseminadas todo tipo de maquetas a escala real de otros proyectos, como el llamativo telescopio espacia de la misión XMM-Newton. Este satélite se ha dedicado a fotografiar objetos del espacio profundo mediante rayos X, y continuamente ha estado mandando información a la tierra, donde se recopila minuciosamente para su estudio. Curiosamente, este pequeño voyeur del espacio fue lanzado desde el cohete Ariane 5 antes mencionado.

Satelite XXM-Newton
Siguiendo la visita por la zona exterior, nos iremos encontrando con multitud de paneles informativos, que nos darán informaciones para todo tipo de público, puesto que este parque está diseñado para niños, y niños grandes.

Réplica del sistema solar

Como se aprecia en las fotografías, las maquetas y reproducciones tienen un tamaño considerable. Las explicaciones están en varios idiomas diferentes, lo que facilita la visita a los foráneos.

Detalle del sistema solar
Posiblemente, una de las atracciones más visitadas, sea la réplica exacta de varios de los módulos que constituían la ya desaparecida MIR. Para los desconocedores en la materia, este complicado entramado de módulos estuvo orbitando la tierra desde el año 1986 hasta 2006. La MIR era un proyecto que se inició en la ya desaparecida URSS, y marcó un antes y un después en los experimentos en "gravedad 0". Una vez desaparecida la URSS, Rusia tomó el control de la nave y permitió un hecho sin precedentes: la colaboración de USA en sus proyectos cosmonáuticos. A día de hoy, su "sustituta" es la ISS (Estación Internacional Espacial), de la cual forman parte multitud de países, que aportan en mayor o menor medida sus recursos humanos y financieros para su mantenimiento y expansión.

parte de la réplica de la MIR
Los visitantes, en temporadas de alta afluencia, se arremolinan en torno a esta gigantesca nave, que podemos visitar en casi su totalidad. En su interior, los diseñadores de la "Ciudad del Espacio" han recreado el día a día de la vida en la estación. 

Interior de la MIR

Es muy fácil dejarse "atrapar" y dejar volar la imaginación paseando por los, en ocasiones, angostos pasillos de la nave. En apenas unos minutos, aprenderemos a valorar a los cosmonautas y astronautas, puesto que no tendría que ser fácil la vida en espacios tan pequeños, con miles de instrumentos y cables colgando por todas las superficies visibles. 

Soyuz
Si hablamos de la MIR, no podemos evitar mencionar uno de los módulos de transporte de mercancías y pasajeros más famosos de la historia: La cápsula Soyuz.
Este invento tecnológico puede que no sea el más bonito del mundo, pero ha demostrado su fiabilidad a lo largo de sus múltiples años de servicio. Su primer vuelo oficial fue en 1967, aunque su aterrizaje forzoso provocó la muerte de su único tripulante, el cosmonauta Vladimir Komarov. 
Poco a poco, la cápsula, de unos siete metros de largo y más de siete toneladas de peso, fue perfeccionándose con el paso del tiempo. De hecho, modelos avanzados de esta primigenia Soyuz siguen siendo utilizados para abastecer a la Estación Espacial Internacional. 
A pesar de que los transbordadores estadounidenses han acaparado la mayor parte de la atención mediática, la única superviviente sigue siendo la discreta pero eficaz Soyuz. 
La dirección del parque, pone a nuestra disposición (ya en los edificios interiores) una excelente colección de artículos cotidianos de la Soyuz y otras naves, y sobre todo, nos ofrece la posibilidad de experimentar la claustrofobia de introducirse en el módulo final de la nave rusa, un compartimento en el que solían viajar 3 personas ataviadas con sus trajes espaciales, más todo el equipamiento necesario. 
Es toda una vivencia, puesto que aunque la experiencia del visitante no se prolongue más que unos segundos en el tiempo, nos hace imaginar un viaje a través del espacio que dura varias horas en un habitáculo tan reducido. No tengo ninguna duda que para el viajero será uno de los más gratos recuerdos de su paso por la Ciudad del Espacio, al igual que estoy convencido de que el paseo de varias horas de los astronautas y cosmonautas no debe de ser para nada agradable. 

Módulo final de la Soyuz, Abstenerse claustrofóbicos
Queda absolutamente claro, que los cosmonautas/astronautas, están bien entrenados y hechos "de otra pasta" para controlar las situaciones y sus propios miedos.
En los edificios interiores, se nos muestran a los hombres y mujeres que desde hace varias décadas, han hecho posible que el ser humano vaya rompiendo barreras y limitaciones, aunque en ocasiones, en pro del progreso, hayan perdido sus propias vidas. 

La filosofía de la Ciudad Del Espacio de Toulouse es la de aquellos museos (escasos) en los que el lema es "Prohibido no tocar", puesto que en cada rincón encontraremos algo con lo que interactuar. 
Las simulaciones de "gravedad 0" por medio de un sistema de poleas, son unas de las más codiciadas por los más pequeños, que perfectamente equipados con trajes espaciales vuelan libremente golpeándose entre sí con total felicidad. 


En todos los edificios del parque temático, las exposiciones permanentes se agolpan en cada pasillo, abarcando un amplio número de frentes: Marte, la llegada a la Luna, los cometas, los satélites artificiales, etc.
Cabe destacar los objetos originales de las distintas misiones, que nos permiten observar los pequeños detalles que a menudo pasan desapercibidos en las escasas imágenes que nos muestran los medios. 

Traje espacial con todo su equipamiento

Réplica de los famosos Rovers que exploran Marte

Otro plato fuerte del parque son los planetarios y sus proyecciones. Enormes salas coronadas con cúpulas nos muestran el cielo nocturno, la vida cotidiana en la ISS, o proyecciones variadas en 3D que harán las delicias de grandes y pequeños. 


Es de vital importancia no diluirse entre la multitud de actividades y proyecciones programadas. A la entrada del parque se nos entregará un documento con un mapa, indicándonos el tipo de actividad y la zona en la que se va a producir. Creo que merece la pena pararse a programar el día de visita, puesto que si nos despistamos podemos no llegar a nada.  En ocasiones, la apacible visita se vuelve una carrera contrarreloj, pero es necesaria si queremos aprovechar la experiencia al 100%. El número de carreras será proporcional a la afluencia del parque en el día elegido para nuestra estancia, puesto que las colas son habituales, y los aforos son limitados. 


Por supuesto, la organización del parque es consciente del pequeño caos que se organiza antes de cada evento, y habilita salas de espera, salas de pre-entrada, y todos los medios visuales y auditivos para que la experiencia sea grata. 
Cuando estemos en esos ratos "libres" podemos ir visitando las exposiciones y curiosear con los experimentos que nos ofrecen. 

Holograma en vídeo explicativo
El parque también cuenta con áreas de restauración y zonas de descanso. Es muy recomendable acomodarse en alguna zona verde y disfrutar del entorno, al igual que podéis relajaros en una cama para astronautas como si deambulaseis por el espacio dentro de una nave de largo recorrido. 




El hacer descansos y paradas es bastante importante, ya que la densidad del parque puede que nos deje agotados. De primeras, la Ciudad del Espacio parece muy asequible en cuanto a tiempo se refiere, pero a medida que interactúas y disfrutas de las exposiciones, las horas parecen desaparecer. 

Como es evidente, la visita a este parque es imprescindible si recorremos la zona. Es muy recomendable para todo tipo de personas y edades, sobre todo para los más pequeños, que igual en un futuro no muy lejano tienen que salir al espacio forzosamente si el planeta sigue la deriva actual, de lo cual seremos culpables si no lo remediamos a tiempo. 


Mapa de la Cité 


martes, 30 de julio de 2019

Del cielo a Madrid: Faro de Moncloa

A veces, las grandes ciudades plantean muchas cuestiones técnicas al viajero. El miedo a dejarse "imprescindibles" sin visitar se ha ido diluyendo a medida que las guías y las redes han llenado sus páginas de información variopinta. Hoy en día, sin que el visitante haga tremendos esfuerzos de búsqueda y lectura, puede confeccionarse una ruta hecha a su medida sin moverse de su sofá.
A pesar de los grandes avances, el viaje a una gran ciudad siempre hace resurgir ciertos temores, sobre todo a la hora de la movilidad. Por suerte, la mayoría de ciudades cuentan con un excelente transporte público que facilita la rápida llegada a los lugares. Aunque todo son grandes ventajas hoy en día, las nuevas comodidades han mermado nuestros instintos de orientación, incluso han cambiado la forma de viajar, masificando determinados espacios y vaciando otros.
Parece cosa del pasado, pero hasta hace relativamente poco no existían los GPS en los vehículos, y mucho menos en los móviles. El mapa impreso en papel, que ha veces se acercaba a la escala 1:1 era la única referencia en el mejor de los casos. Aunque el gigantesco panfleto era de gran ayuda, el viajero siempre se orientaba basándose en edificios clave, montañas, ríos, etc.
Por "culpa" de la tecnología, parece que el visitante ha perdido ese instinto, esa necesidad de orientarse, puesto que cuenta con la seguridad de llevar un guía cibernético en su bolsillo.
Yo, amante de las nuevas tecnologías, apuesto por confiar en los servicios que éstas nos ofrecen, pero sin dejarnos "aborregar" continuamente. Debemos usar la manera tradicional de orientarnos y valernos por nosotros mismos, de caminar decididamente hacia nuestro destino sin vacilación, incluso preguntando a los naturales del lugar, acto que va diluyéndose y perdiéndose poco a poco.
La alternativa humana para simular al famoso satélite de Google es aprovechar la orografía de las ciudades y buscar sus puntos más altos para hacernos una idea de sus dimensiones y poder tomar puntos de referencia.
El Faro de Moncloa:

Vista general desde el suelo
Ubicado al Noroeste, en el barrio de Moncloa (como su propio nombre indica), se trata de una torre diseñada por Salvador Pérez Arroyo. Su finalidad inicial era la de ser un punto elevado para instalar antenas de comunicación, aunque hoy es más conocida por su rol turístico. 
Su construcción, diseñada en 1990 y realizada en 1992, no estuvo exenta de polémica, puesto que la torre se consideraba insegura a todos los efectos debido a la torpeza o negligencia en su diseño y construcción. Al poco de su inauguración, y siguiendo la tradición española de brillar con luz propia en los gazapos de sus edificios más megalómanos, tuvo que ser cerrada al público, debido a la caída de chapas y otros objetos que el fuerte aire había arrancado de cuajo. 
Los problemas continuaron cuando se revisó el plan de incendios tras el monumental siniestro que se originó en el edificio Windsor en 2005. Ante el peligro de una gran catástrofe en el Faro de Moncloa, este estuvo cerrado al público hasta 2009, cuando 5 millones de euros del erario público fueron destinados a la torre para que cumpliera los requisitos mínimos de seguridad. 
Como curiosidad, decir que la escalera que recorre el interior del edificio producía descargas de electricidad estática importantes, haciéndola muchas veces impracticable. 
La guinda del pastel llegó en 2016, cuando una chispa en la sala de máquinas de los ascensores que suben hasta la cúpula originó un incendio, llegando a cortar la aledaña A-6 por la caída de cascotes. A pesar de todo, el mirador fue desalojado con éxito sin tener que lamentar daños personales. 

Incendio de 2016. Fuente Alberto C
A estas alturas, más de uno estará pensando si la finalidad de esta entrada es recomendar o difamar este enclave madrileño. Desde mi punto de vista, un visitante tiene que conocer la historia (truculenta o no) de los lugares que visita.
Si dejamos de lado las caídas de cascotes, los incendios y demás "incidentes", la posición del faro es inmejorable. Con una altura de 110 metros, se sitúa en el top quince de edificios más altos de Madrid. Lamentablemente, la mayoría de esos edificios son privados, lo que hace casi imposible la visita a sus enormes azoteas. 
Evidentemente, el visitante no puede acceder a la cota 110, puesto que es la antena que prevalece sobre el mirador, por lo que la altura real es de 92 metros. Aproximadamente, sería como si el visitante subiera a un piso 30. Para poner la altura en contexto, la archiconocida "Torrespaña" tiene 232 metros, y la "Torre de cristal" del distrito financiero alcanza los 249 metros. 
No será el edificio más alto, ni el más seguro en caso de emergencia, ni siquiera será el más bonito, pero su visita merece la pena. 

Vista sureste, el Arco de la Concordia parece minúsculo

La entrada es muy asequible, y la subida al mirador se hace cómodamente a través de su rápido ascensor (92 metros en 50 segundos). El número de personas que pueden permanecer simultáneamente es limitado, lo que nos otorga un plus de tranquilidad para apreciar las vistas. 


Al situarse en un barrio periférico de la almendra madrileña, la inexistencia de obstáculos visuales nos permite ver incluso la sierra de Madrid. 

  
Para los foráneos, los mapas que ofrece el interior del mirador, permiten identificar todos los edificios visibles y contar parte de su historia. Como digo, una gran ciudad, es recomendable verla desde las alturas, y hacernos un mapa visual de dónde nos encontramos y fijar nuestros objetivos. 

El skyline de Madrid se vislumbra a lo lejos
Debido a las características de la ciudad, si planeamos nuestra visita al Faro de Moncloa, debemos de tener en cuenta las condiciones meteorológicas, y asumir que la contaminación enturbia un poco las vistas. 
Aunque una amplia zona de la plataforma está descubierta, está prohibido el acceso por motivos de seguridad, por lo que nos conformaremos con contemplar Madrid a través de las inmensas cristaleras que rodean todo el mirador. 

Detalle del Skyline y las torres Kio
En medio del mar de hormigón, las vistas nos ofrecen también paisajes naturales en la gran urbe, puesto que el faro se sitúa junto a la casa de campo, lo que nos permite ver ese difícil equilibrio entre la jungla de asfalto y los espacios verdes.

La lucha eterna entre naturaleza y humanidad
A pesar de los inconvenientes secundarios, recomiendo la visita al Faro de Moncloa, a poder ser, antes de visitar la ciudad y sus incontables puntos de interés.



miércoles, 26 de junio de 2019

Hueso a hueso, cráneo a cráneo. Cementerio Fontanelle (Nápoles, Italia)


Una colina, ubicada en la zona napolitana de Materdei, guarda uno de los mayores atractivos que unen la magia, el esoterismo, el horror y otros muchos calificativos algo sobrecogedores. Excavada en el propio monte, una amplia cueva recibe al visitante casi escondida entre las callejuelas que recorren este barrio italiano.


Barrio de Materdei 
Antes de sumergirme en la oscuridad de la cueva, me gustaría hacer una breve descripción de Nápoles y sus gentes:
Probablemente, la gente ya conozca la mala fama de esta ciudad costera italiana y todas sus zonas circundantes. Las preguntas más frecuentes de los visitantes divagan sobre la seguridad de la ciudad, pues Nápoles es, sin duda alguna, una de las urbes más peligrosas en apariencia. 
Puesto que no he residido en la ciudad, mi visión siempre será subjetiva y personal (no pretendo otra cosa), y no quiero entrar en conflictos como los que vemos en numerosos foros con opiniones encontradas entre visitantes, locales y gente desinformada. 
En mi opinión, Nápoles sí es una ciudad peligrosa, el índice de delincuencia es elevado a nivel de robos, pero además, la violencia y la tensión subyacen bajo una aparente calma en la vida local. 
Según los habitantes de esta gran urbe, la posibilidad de un robo está siempre presente, como en cualquier gran ciudad europea, pero también es cierto que ciertos colectivos, como las mujeres, descartan la opción de salir de noche, incluso si van en grupos numerosos. Esta opinión, fue expresada por una guía italiana, quien asimilaba como "normal" el hecho de no poder salir de noche. Evidentemente, esta afirmación es perturbadora, puesto que la mayoría de las europeas no tienen miedo a que el sol se esconda en su propia ciudad.
Lamentablemente, la realidad es que la vida napolitana de noche se ve muy mermada si la comparamos con la actividad cotidiana del día. Incluso el bullicio del tráfico da paso a una incomprensible soledad en las calles centrales de la ciudad. 

El Vesubio, preside el Golfo de Nápoles (vista desde la ciudad)
 La limpieza de las calles brilla por su ausencia. Toneladas de basura se acumulan en las calzadas, las aceras, incluso las casas. Además de la basura, el estado de las construcciones a veces es lamentable, las grietas en las fachadas, los pavimentos en mal estado y los tejados que amenazan ruina dan a Nápoles un aspecto terrible en comparación con otras ciudades turísticas. 
A pesar de que es una ciudad plenamente turística, sobre todo en verano con el desembarco de miles de visitantes procedentes de los cruceros, a priori no parece el típico paraíso que algunos venden.  
En las zonas cercanas a la estación central, desde la que parten numerosos trenes y autobuses, muchos hacia la conocida ruta circunvesubiana, el ambiente de caos es palpable. En cada calle, en cada esquina, el menudeo de droga y otros artículos ilegales es constante, a plena luz del día, y al amparo de las autoridades. 
Cabe recordar que esa zona de Italia está duramente controlada por las familias más importantes de la mafia, que son las responsables del menudeo, de la no recogida y el no procesamiento de los residuos que genera la ciudad. Como dato curioso, podéis entrar en diversos establecimientos de comida u otros negocios, si tenéis "suerte", os daréis cuenta de que muchos de ellos no venden lo que anuncian, y que posiblemente sean tapaderas de negocios mucho más sórdidos. Antes de ser crucificado a comentarios sobre esto, aclarar que me baso en vivencias personales. 



Desgraciadamente, según el servicio turístico de la zona, la única manera de que no te roben objetos de valor como cámaras, móviles y dinero es que no las saques de tu vivienda. El eslogan "si lo quieres conservar, no lo saques del hotel" es profundamente desalentador. 
Pese a lo dicho anteriormente, un visitante ajeno a la ciudad, puede pasear tranquilamente por la mayoría de barrios, tomando las mismas precauciones que en otras ciudades como Madrid, París o Londres. Aunque los napolitanos parezcan ariscos, en realidad la inmensa mayoría no suponen ninguna amenaza. 


El ejército se despliega en los puntos neurálgicos de la ciudad
A pesar de mis sensaciones personales, no creo que haya que temer por la integridad personal ni por los objetos materiales que llevemos, basta con tener un poco de sentido común.
Dejando a un lado esta cuestión, nos adentraremos en las entrañas del pasado de la ciudad, donde los más susceptibles vivirán una experiencia realmente aterradora.

Durante siglos, el barrio Materdei estuvo extrayendo materiales de origen volcánico que su inseparable Vesubio había vertido siglos atrás. La colina, fácilmente erosionable debido a la porosidad y su extremada inconsistencia fueron dando paso a un circuito de galerías y oquedades moldeando galerías de techos elevados y gran altitud. 
En el siglo XVI, Nápoles sufrió una serie de infortunios considerables que mermaron su población. El hambre, los terremotos, las erupciones del volcán cercano y las muertes naturales o por enfermedad, forzaron a la población a improvisar en pequeñas galerías de distintos montes cementerios provisionales. Con una ciudad desolada y parcialmente destruida, no había tiempo físico ni recursos para enterrar "dignamente" a las víctimas de todas las catástrofes. El miedo a las enfermedades en forma de plaga como el cólera, hicieron que los muertos fueran acumulándose en distintos nichos improvisados bajo los montes verdes. 
Tras los virulentos acontecimientos, los cuerpos fueron agrupados, sobre todo en la colina Capodimonte, que es donde se encuentra ubicado el cementerio de la Fontanelle. Se calcula que llegó a albergar 9 millones de huesos, puesto que los cuerpos ya se habían desintegrado. 

Entrada a la gigantesca cueva
Cabe destacar, que los restos de las personas que allí reposan tienen en general un nexo común: la pobreza.
A pesar de las múltiples tragedias, las familias acomodadas podían permitirse enterrar a sus muertos en condiciones normales, mientras que los vagabundos, los migrantes, y todo aquel que no tuviera un soporte económico o familiar, acababa en esta macro fosa común. 
Los 30000 metros cuadrados, albergan todo tipo de huesos, sobre todo tibias, fémures y cráneos, en perfecto orden, incluso algunos tienen la "suerte" de poder reposar sobre pequeños cojines cuidadosamente elaborados. 

Los cráneos se reparten por todas las esquinas de la cueva
A pesar de que fueron olvidados en un principio, el cariño de los napolitanos hacia este osario, sobre todo los vecinos y vecinas del barrio Materdei, ha conseguido dar un cobijo eterno mucho más acogedor. De hecho, son muchas las familias italianas, que "adoptan" un cráneo o un cuerpo, cubriéndolo de ofrendas y buenas intenciones. Aunque el término adoptar pueda resultar macabro, es la expresión que ellos mismos utilizan a la hora de hacerse cargo de los restos.

Las ofrendas son habituales en la Fontanelle
A pesar de lo que puede parecer, y de lo impresionante del lugar, el sitio transmite una sensación de paz y tranquilidad, a pesar de estar rodeado de millones de huesos humanos.


Muchos de los cráneos, muestran sobre sus cabezas monedas actuales de escaso valor, que son utilizadas para honrar a la víctima y demostrar que ya está apadrinada. 
Este osario, nos da una lección que algunos no quieren aprender, y es que bajo nuestra raza, etnia o religión, al final todos somos exactamente iguales ante la muerte. Allí no se diferencia a las personas, y juntas muestran un destino inevitable para todos los que a día de hoy aun respiramos. 
La única diferencia palpable en el cementerio es la edad, puesto que los cráneos más pequeños, evidentemente, pertenecen a personas de corta edad. 

Un niño reposa en un ataúd fabricado y honrado por una familia
Incluso con el enorme cariño y respeto que han mostrado los habitantes vivos con la "ciudad de los muertos" como muchos la llaman, el espacio tuvo que ser cerrado en 1969 por prácticas macabras y otros ritos no respetuosos. Afortunadamente, la calma volvió al lugar y hoy en día se puede visitar, siempre desde el respeto, este espacio tan impactante. 

Capilla dentro de los subterráneos
Como se puede apreciar en las imágenes, existen zonas para la oración dentro del credo católico habilitadas por los diferentes túneles.


En este caso, los laterales del altar, sirven como depósito de innumerables huesos que rodean una imagen cristiana.

Tres grandes cruces decoran el final de la cueva
Esta ubicación, para muchos conocida, es visitada también por escolares, puesto que por crudo que parezca, los más pequeños tienen que conocer la historia de su ciudad. 


La escasa iluminación en algunas partes de la cueva, hace que nos sintamos literalmente cara a cara con la muerte. Para los aficionados a la fotografía, este lugar es fuente de inspiración, puesto que son millones las posibilidades de obtener fotos "fuera de lo común". 

Vestido original
Este vestido, posiblemente del siglo XIX, es sumamente interesante, puesto que se observa a delicadeza de sus tejidos, a la vez que nos ofrece una estampa de película de terror. 



En definitiva, el "Cimitero Delle Fontanelle" es uno de los imprescindibles si decidís viajar a Nápoles o sus proximidades. 


martes, 2 de octubre de 2018

Foz de Lumbier (Navarra)

A menudo, los parajes en los que la naturaleza es la protagonista, suelen ser lugares escondidos, protegidos de la mano del hombre por esbeltas montañas y por vegetación abundante, pero a veces la norma se rompe. Un caso claro es la Foz de Lumbier, un paisaje a escasos dos kilómetros de una de las autovías que vertebran la comunidad navarra sirviendo de unión con la comunidad de Aragón. 
El río Irati ha ido sesgando las rocas circundantes a lo largo de milenios, convirtiendo el paisaje en una enorme garganta labrada en la piedra. 


Rio Irati en su descenso por la Foz 
La palabra "Foz", perteneciente a un idioma casi extinto, significa cañón profundo por el que discurre un río, y es endémica de la zona. Como suele ocurrir en algunos monumentos naturales, su propio nombre define lo que nos vamos a encontrar. 
El aparentemente inofensivo río Irati se desplaza suavemente por el fondo del barranco, rodeado de vegetación y de fauna. 
Para nuestra suerte, los 1300 metros más escarpados de esta garganta se pueden hacer a pie, por una vía apta para todos los públicos, contando incluso con un parking a la entrada del recorrido. 
Este espacio está catalogado como parque natural, y no es para menos, puesto que su riqueza naturística es muy elevada. 
El sendero, en ocasiones horadado en la montaña, nos acerca al extremo más estrecho de Lumbier, en el que apenas 20 metros separan una pared de la otra. 

Túnel horadado en la roca
En todo momento, si nos detenemos a contemplar las escarpadas montañas de nuestro alrededor, podremos observar innumerables buitres, que eligen este paraje para anidar y vivir. 


Si no contamos con la suerte de verlos posados sobre las rocas, seguro que podremos contemplarlos volando sobre nuestras cabezas en busca de carroña para alimentarse. 


Toda la ruta se encuentra perfectamente señalizada, incluso han habilitado caminos más o menos agrestes para poder tocar el agua del Irati, que baja fresca durante todo el año. Aguas arriba, este río nace de las confluencias del Urtxuria y Ulbeltza, lo que da nombre a la selva que rodea su nacimiento, y que es uno de los lugares con más belleza de toda la comunidad foral: La Selva de Irati.


Esta garganta cuenta con su leyenda particular. Un puente, levantado en el siglo XVI, que ahora se encuentra en estado de ruina, es el protagonista de un extraño pacto entre una jóven y el diablo. Según cuentan las malas lenguas, Clisatela, una humilde sirvienta de una dama acaudalada, tenía que cruzar el río Irati sin barca para buscar aguas medicinales para su señora que se encontraba enferma. La corriente era muy fuerte y ya caía la noche sobre la zona, así que la joven comenzó a desesperar. En un momento dado, el diablo se le apareció, y le prometió construir un puente a cambio de su alma. En su contrato verbal, el puente debía de estar construido antes del amanecer, pero el diablo se retrasó en la construcción. A primera hora de la mañana, el diablo mostró a la joven el puente construido, pero se salvó de entregar su alma, por lo que la doncella rebautizó el puente como "Puente de Jesús". 
Aunque la historia es digna de contar, la realidad es que los ingenieros que lo construyeron, lo bautizaron así debido a la complejidad orográfica del terreno, y a los quebraderos de cabeza que tuvieron que soportar para levantarlo. Finalmente, tras 200 años de uso, en torno al año 1810, es demolido por las tropas francesas por motivos estratégicos. 

Restos del Puente del Diablo
El controvertido puente se encuentra al final del recorrido, donde la montaña acaba y empieza la llanura. Tras tomar un pequeño desvío podemos observar sus ruinas. 
Esta zona, es probablemente la más estrecha de todo el cañon. Sus elevadas paredes verticales, la flora, y el color del agua crean una estampa asombrosa como despedida. 


A escasos metros de la autovía, y en línea con la salida del río, tenemos la Villa Romana de Liédena, a la que merece la pena acercarse dada su cercanía. 
Aunque, como es evidente, ya queda poco del complejo antiguo, podremos observar las delimitaciones de las construcciones y otra vista más alejada de la Foz de Lumbier. 

Villa Romana de Liédena con la Foz de Lumbier de fondo
Debido a la sencillez en sus accesos, y a su gran belleza, la Foz de Lumbier es uno de los imprescindibles de esta zona navarra. 








Lago de Bañolas (Gerona). Un remanso de paz.

Este lago fue creado hace miles de años, debido a los movimientos tectónicos de los Pirineos. La piedra kárstica, los abundantes acuíferos y su fondo impermeable, dieron lugar a esta masa de agua que en la actualidad es la más grande de toda Cataluña. 
Sede olímpica de remo, el lugar se ha convertido en lugar de entrenamientos al más alto nivel en todo tipo de deportes acuáticos. Por otra parte, son muchos los que se acercan a la zona interesados en deportes como el senderismo, la natación, la pesca, o simplemente buscando un lugar plácido donde descansar. 


Lago de Bañolas
Si accedemos al lago desde el pueblo con idéntico nombre, encontraremos multitud de senderos perfectamente habilitados por los que pasear. En temporada de verano, son muchas las familias que deciden pasar el día por la zona, ya que tiene grandes praderas de hierba con abundante sombra. También encontraremos indicaciones de las escasas zonas donde está permitido el baño. 
El lado Este del pantano es el más recomendable y más acondicionado para pasear. En el recorrido encontraremos gran variedad de flora y fauna del lugar, como nenúfares y patos como ejemplares destacados. 


Los troncos que forman parte de las raíces de los árboles cercanos dan gran belleza a la zona. Las simpáticas aves acuáticas se encuentran a lo largo del camino en un número más que abundante. Acostumbradas al ser humano, es fácil darles de comer a escasos centímetros, incluso algunas se toman la licencia de apropiarse de la comida sin preguntar. 


Bordeando el lago, y bien comunicadas, se encuentran una serie de casetas semiflotantes dedicadas a la pesca. Esta suerte de casas, en ocasiones más parecidas a palacios en miniatura, pueden ser alquiladas, ofreciendo al visitante unas inmejorables vistas de toda la masa de agua. 


Estas casas de ensueño son conocidas como "pesqueras", atribuyendo claramente el nombre a la utilidad para la que fueron construidas. 


Como ya he comentado, estas pesqueras tienen formas muy singulares, y aunque desde el exterior podrían parecer pequeñas, algunas tienen espacio y servicios necesarios para pasar una buena temporada. 



Todas las pesqueras disponen de un recinto cerrado, una terraza, y un pequeño muelle desde el cual se puede pescar o amarrar una embarcación. 

Nenúfar
Al igual que otros grandes lagos, Bañolas cuenta con su propia leyenda popular, según la cual, Carlomagno pasó cierto tiempo en Gerona, donde se contaba que un gran dragón habitaba esta gran masa fluvial.
Con arrojo y determinación reclutó a su ejército y ascendió al lago, pero cuando el emperador se encontró con la supuesta fiera, acabó refugiándose de ella ayudado por San Emeterio, quien poco más tarde erigió el Monasterio de San Esteban en honor a la supuesta hazaña salvadora. Según la leyenda, el dragón de Bañolas sigue ocultándose en sus aguas, pero nunca nadie lo ha vuelto a ver. 
Hasta la fecha, sólo queda verificada la existencia de un gran animal, para nada mitológico, que habitaba estas aguas hasta hace no mucho. Se trata de una carpa de tamaño descomunal apodada "La Ramona", un pez obeso que se convirtió en casi una atracción turística de relevancia en la zona. 


La Ramona
Esta gran carpa (al igual que sus sucesoras y herederas), se mantenía en una jaula adosada a una de las pesqueras, y la gente le gratificaba con abundante comida de todo tipo, creándo en el animal una obesidad dudosamente sana. 
Aunque la carpa sea inofensiva, este lago cuenta con su propia historia negra. Debido a la avaricia de los propietarios de las embarcaciones turísticas, en el pasado se han producido accidentes importantes. Reseñable es el ocurrido en el año 1998, donde más de veinte jubilados franceses murieron al volcar la embarcación de recreo donde viajaban. El accidente se produjo debido a la sobrecarga del barco, lo que derivó en un extenso juicio que se prolongó durante años. 
Estos accidentes vienen ocurriendo desde inicios del siglo XX, provocando heridas a personas e incluso la muerte, lo que hace que una sombra de misterio sobrevuele el lago. 
Evidentemente, estos accidentes son debidos a negligencias graves de sobreaforo en los barcos. A día de hoy, las nuevas regulaciones hacen que la posibilidad de un nuevo accidente se diluya hasta términos relativamente "normales". 
De hecho, recomiendo un paseo por el lago en alguno de los barcos que ofrecen este servicio, incluso uno de ellos posee un motor eléctrico, algo que no es muy habitual y protege este enclave de fauna y flora. 

Barco eléctrico destinado al turismo
Con este paseo fluvial, sin humos, y rodeados de aves, conoceremos la historia del lago gracias a una megafonía que comenta cada lugar en varios idiomas. El circuito dura apenas una hora, pero merece la pena si queremos hacernos una idea de la enormidad de esta masa fluvial. 
El lago de Bañolas también ofrece un sinfín de actividades acuáticas y deportivas, como el alquiler de kayaks, barcas, y otras actividades para los más atrevidos y deportistas.


Como dato relevante y macabro, decir que la localidad de Bañolas se vio envuelta en la polémica, tras la exhibición de un habitante originario de Botswana disecado. Este horripilante monumento, había pasado desapercibido, pero en un momento dado pasó a las crónicas de los periódicos y tuvo que ser retirado y retornado a su país de origen. El cuerpo, apodado "el negro", fue traido por un comerciante francés y supuestamente era un guerrero que había muerto en 1830. En aquella época, era común que los "exploradores" trajeran a Europa animales de todo tipo disecados, pero nunca nadie había traspasado tantas líneas rojas como para traer a un pequeño hombre a modo de "trofeo". 

Antigua postal donde aparece "el negro" ubicado en Bañolas
A pesar de la a veces tortuosa historia de este paraje, es un sitio muy recomendable, donde entrar en contacto con la naturaleza y la fauna. Para los amantes de la fotografía, Bañolas se convierte en un inagotable nicho de inspiración.