jueves, 8 de febrero de 2018

Minas de Riotinto (Huelva)

El ser humano siempre ha aprovechado los recursos de la naturaleza para su propia subsistencia, ya en la edad del cobre, los pueblos antiguos se arremolinaban en torno a las primitivas canteras y extraían de la piedra los minerales necesarios para construir sus armas, sus ornamentaciones y otros accesorios para su vida cotidiana. El máximo esplendor antaño fue conseguido gracias a los romanos, puesto que ya no solo perforaban la roca con herramientas más avanzadas, sino que construían elaboradas construcciones anexas para manufacturar los resultados de sus excavaciones. 
En el caso de las minas del Ríotinto, las antiguas civilizaciones solo extraían tintes medicinales y otros derivados, por lo que la intrusión en la montaña fue muy superficial.
En el siglo XIX, la mina es comprada por un conglomerado de empresas británicas que dan lugar a Ríotinto Company Limited. Esta compra es el inicio de unas grandes excavaciones de minería interior y provocan un gran desarrollo de la zona y su entorno. 


Escudo de la compañía

Pero Riotinto no solo estaba a la vanguardia de las perforaciones, también provocó que surgieran los primeros grupos "ambientalistas" conscientes de que la mina perjudicaría la zona, sus habitantes, su habitat y toda la fauna de la sierra de Aracena en la que se encontraba situada. 
El 4 de febrero de 1888 se convocó una manifestación con miles de asistentes reivindicando el cierre de la explotación, pero fue reprimida brutalmente provocando un centenenar de muertos. Como se viene repitiendo cíclicamente, el poder de la compañía consiguió "enterrar" la noticia y sus consecuencias fueron inexistentes para los magnates británicos y para los encargados españoles de ejercer la represión de una manera tan salvaje. Basta decir que la prensa estaba completamente manipulada, puesto que en sus escasos artículos solo recontaban 14 muertes, cuando la realidad es que aquello se había convertido en una carniceria. 


Recración de las protestas
Dejando atrás este bochornoso episodio, uno de las muestras más evidentes del desarrollo del nivel que alcanzó la mina fue la conexión ferroviaria entre la explotación minera y Huelva. 85 kilómetros de vía que conectaban estos dos puntos a través de la depresíon formada por el río y paralela a su cauce. Aunque la longitud total de las vías supera los 300 kilómetros, no todas eran para uso comercial.
Esta vía servía para abastecer la mina, y sacar el producto extraido hacia el mar a través del puerto de Huelva. 
A pesar del desarrollo económico de la zona, los desastres medioambientales y los intereses del dinero no hicieron más que trastocar los planes de los habitantes de la zona, llegando a trasladar el pueblo viejo a otra ubicación esgrimiendo como única alegación por parte de la compañía británica que el pueblo "estorbaba" en su trabajo. El pueblo viejo fue demolido y la mina se fue extendiendo por el territorio a un ritmo incontrolable. 
Debido a la llegada masiva de trabajadores, en su mayoría ingleses y de otras nacionalidades semejantes, el pueblo nuevo comenzó la construcción de casas puramente "inglesas" del ramo victoriano, e incorporaron sus costumbres y festividades a la nueva localidad, supliendo en muchos casos las ya existentes de los habitantes onubenses. 
Tras décadas de dominio inglés, en 1954, las minas son compradas por el estado español, y tras años de sucesivos cambios de empresas al frente de las explotaciones, la mina se cierra casi definitivamente en 2001. Mientras la mina está clausurada, se impulsa un plan de viabilidad para intentar recuperar parte de los minerales "no férricos", un conglomerado de empresas de todas las nacionalidades tratan de "rebuscar" entre los materiales inertes tratando de aprovechar los escasos recursos que dejaron sus predecesores. Aunque han abierto prospecciones no muy lejanas a la mina original, los resultados no parecen estar dando los resultados esperados.

Parte de la maquinaria del nuevo proyecto

Minas de Riotinto a ojos del turista:
Como visitante, es sobrecogedor el paisaje allí dejado por la mina y sus instalaciones anexas. El paisaje casi lunar o marciano, no parece propio del planeta tierra. La vieja vía continúa en activo y sobre ella podemos contemplar paisajes inigualables y colores vivos contrastados con zonas aparentemente "muertas".

 
Panorámica de una pequeña sección de la mina
La forma de conocer la mina, como no podía ser de otra manera es a través de la antigua vía. A bordo de varias locomotoras, incluida la locomotora más antigua en funcionamiento en España. La longitud total restaurada para fines turísticos es de 12 kilómetros, en los que nos encontraremos desde las infraestructuras básicas de la explotación, hasta el final de ella, donde solo queda el paisaje y el río. 

Una de las locomotoras actuales en funcionamiento
El camino, como ya hemos comentado anteriormente, sigue el transcurso del Río Tinto, por su margen derecha. El trayecto acaba en una estación donde la locomotora para, y tras una breve parada, vuelve sus pasos hasta el punto de salida inicial. 

Se puede apreciar el gran tamaño de la mina

Los territorios utilizados, se diferencian claramente de los territorios "virgenes", puesto que en los utilizados la vegetación es apenas inexistente. 

Aquí se aprecian las galerías excavadas en la montaña
Para los amantes del mundo ferroviario antiguo, este viaje tiene un encanto añadido, puesto que decenas de locomotoras, vagones y otros vehículos de servicio se encuentran en estado de abandono junto a la vía por la que discurre la visita, sin que por ello hayan perdido su atractivo. 





Una vez dejamos atrás este cementerio sobre ruedas, podemos observar con claridad los puntos de extracción y sus combinaciones de colores. 


Y por fín, nos quedamos a solas con el río y su inconfundible color "tinto".



En esta visita, como podemos observar en las fotografías, se dan numerosos paisajes que van cambiando en cuestión de escasos metros. 


Mientras el tren serpentea, el traqueteo de los vagones no deja de sumirnos en un estado de relajación absoluta. 


Tras unos minutos de viaje, el tren se detiene en una pequeña estación, en la que está permitido acercarse a la orilla del río durante un rato, mientras el maquinista inicia las maniobras de contramarcha. 
Acercarse al río nos aseguran, no es para nada peligroso, a pesar de que su color es debido a los restos de azufre y otros materiales que le dan ese espectacular color. Aún así, advierten, que si la ropa entra en contacto con el agua, será decolorada, como si metieramos nuestras prendas en un valde con lejía. 
Con cuidado de no resbalarse con las piedras húmedas, es imprescindible fotografiarse sobre esas aguas tan enigmáticas.



Una vez terminada la parada de rigor, el tren volverá a recorrer el mismo trayecto en sentido inverso. El propio tren cuenta con un servicio de megafonía por el cual se transmiten datos y curiosidades de la mina. 


La visita puede ser completada con otras actividades gestionadas por un consorcio que maneja el turismo en la mina y sus alrededores. El museo minero, o simplemente la gastronomía pueden aderezar esta visita con buen resultado. 


Hay un detalle que no quiero pasar por alto antes de cerrar esta entrada. Al igual que las vagonetas mineras que se observan en la fotografía superior, en este enclave la naturaleza también ha descarrilado, y como no podía ser de otra manera, "gracias" a la mano del hombre. A pesar de que el paisaje es espectacular, no hemos de olvidar que el famoso río es un río muerto. Debido a las concentraciones de minerales y otras sustancias tóxicas, la vida no existe en el río ni en sus alrededores inmediatos. Hemos de reflexionar sobre el precio que estamos pagando y pagaremos a cambio del "progreso". Aunque esta sea una mina olvidada, en muchos puntos del planeta minas como ésta, a mayor o menor escala, siguen deforestando bosques, contaminando aguas, y desplazando a humanos y animales de sus orígenes. La pregunta es: ¿Estamos dispuestos a pagar ese precio solo para nuestro beneficio? ¿Cuando asimilaremos que la naturaleza en su puro estado es nuestro mayor beneficio?.



lunes, 8 de enero de 2018

Numancia, Soria. La resistencia universal.

Los alrededores de la capital de Soria parecen un espacio tranquilo hoy día. Vastas extensiones de campos, pinares y zonas rocosas dan al lugar un aspecto idílico. Pero no siempre ha sido así...
Hace dos mil años, estaba en vigor un acuerdo de paz entre los pueblos celtíberos y el imperio romano (el tratado de Graco). Dicho tratado era sencillo a la vez que represivo, si los celtíberos querían la paz con Roma, debían de dejar de construir ciudades a lo largo del Ebro. Las ya existentes, no debían de ser reforzadas ni amuralladas. El injusto tratado se rompió, al tratar los celtíberos de fortificar una antigua aldea en Segeda, Zaragoza, en la comarca de Calatayud. 
Los romanos, al enterarse de la noticia, trataron de atacar Segeda, y sus habitantes, al verse indefensos ante tal ejército, huyeron al mayor poblado de la zona de Soria: Numancia. 
Inmediatamente, Numancia pasó a ser enemiga de Roma acusada de dar cobijo a los "enemigos del imperio". 
Los celtíberos, rápidos y astutos en el campo de batalla, pero con escaso nivel armamentístico, no tenían ninguna posibilidad ante un enemigo organizado y con numerosos recursos. 
A pesar de ello, más de 6000 romanos perecieron a manos de los celtíberos en campo abierto, por lo que el ejército romano tuvo que tomar medidas excepcionales ante un pueblo supuestamente inferior. 


Numancia, permaneció sumida en una guerra que duraría veinte años (comenzó en el 153 A.C). Aunque sus defensas no eran muy resistentes, su audacia y su posición elevada mantenían la ciudad a salvo de los ataques romanos. 
Uno de los ataques más importantes que sufrió la ciudad de Numancia fue a manos de los romanos aliados con Numibia, un ejército seminómada africano leal a Roma. 
Los númidas, naturales de los alrededores de Cartago, poseían caballos y elefantes, que cargaron con todas sus fuerzas contra la ciudad. Los numantinos arrojaron todo tipo de piedras y lanzas contra los atacantes. Cuenta la historia, que uno de los elefantes se asustó y provocó una estampida haciendo a los romanos y a los númidas batirse en retirada.
Numerosas fueron las escaramuzas que se fueron sucediendo a los pies de la muralla numantina. Todos los ataques fueron repelidos con éxito, forzando a Roma a mandar a uno de sus grandes líderes en combate: Publio Escipión. 
Escipión, responsable de la destrucción de Cartago cambió la infructuosa estratégia en la zona, y cercó la ciudad de Numancia construyendo siete campamentos en las lomas cercanas a la irreductible ciudad. 

Mapa del cerco ideado por Escipión
Además de los campamentos, el ejército romano edificó una muralla uniendo los campamentos, cortando el acceso a ríos y vías básicas de la época.
Escipión también cambió de táctica de combate. Su cometido era simple: esperar. La actitud claramente ofensiva pasó a ser completamente defensiva. 
Tras un año de asedio, la ciudad carecía de víveres suficientes para seguir adelante, lo que forzó a los numantinos a alimentarse de sus propios cadáveres. Ante semejante panorama, la ciudad cayó en manos romanas. Muchos de sus moradores prefirieron suicidarse antes que entregarse, y los pocos supervivientes fueron vendidos como esclavos. 
A día de hoy, poco queda en este lugar histórico. Unas escasas hiladas de piedras marcan vagamente donde estaban ubicadas las casas, las calles, los pozos y toda la infraestructura que allí se desarrolló. 


Lo que ha perdurado y perdurará, es ese espíritu combativo que los numantinos demostraron hace casi dos mil años. 
Bien sea por este hecho, o simplemente por visitar los restos de esta mítica ciudad, la visita merece la pena. Una pequeña parte de la ciudad está reconstruida con fines educativos y turísticos. Los paneles informativos y la audioguía disponible nos permiten identificar los puntos neurálgicos de Numancia y sus alrededores. 


Las estructuras más llamativas son relativamente recientes. Un obelisco emerge para recordar a los habitantes de Numancia. Fue construído en 1904 por órden de Ramón Benito, quien también costeó el Museo Numantino. 

Obelisco
Al pasear por Numancia es fácil darse cuenta de que la vida en aquella zona no sería fácil. El frío de la meseta castellano-leonesa, el viento al ser una zona expuesta, etc. Los numantinos intentaron construir las hiladas de casas orientadas de manera que el viento no las azotara directamente, protegiendo la ciudad con sus muros de piedra. 



Reproducción de una casa de la época
Y como en otros puntos de interés histórico, el dinero prima sobre el patrimonio. Cerca de los restos de la ciudad, más o menos donde se situaba uno de los siete campamentos romanos y su muralla, una aberración promovida por la burbuja y el lapidamiento de caudales públicos nos acecha desde el horizonte: la ciudad del medio ambiente.


Esta mole de hormigón y planchas de acero costó mas de 50 millones de euros y rompe por completo la fisonomía del paisaje. Actualmente se encuentra en fase de abandono, lo que hace la situación todavía más esperpéntica. Esta no es la única amenaza que planea sobre Numancia. Existen diferentes proyectos de urbanizaciones que arrasarían con lo que queda de varios campamentos adyacentes. Diversas instituciones y plataformas pelean a diario por la no construcción en esa zona con distintos resultados.

Dejando a un lado las "salvajadas" del ladrillo, podremos observar restos de la antigua muralla rehabilitados. 


Aún son reconocibles los puntos de agua de la ciudad y edificios que a pesar del paso del tiempo nos hacen intuir su forma real. Las excavaciones siguen, aunque de una manera lenta, y poco a poco van desempolvando los cimientos de esta aldea histórica.


Excavaciones protegidas de las inclemencias climatológicas
Aunque hayan pasado dos milenios, los sorianos se sienten orgullosos de sus antecesores celtíberos. Uno de los símbolos más reconocibles es el de un caballlo de dicha tradición. Supuestamente, el reconocido estandarte soriano se sacó de las fíbulas que llevaban los ancestrales jinetes y servía como anclaje de las armas o simplemente como amuleto protector. Tras caer Numancia, los romanos se apropiaron también de ese peculiar símbolo celta. 









Fayón, Zaragoza. El reflejo de la Guerra Civil Española.


Fayón, un pueblo que ahora cuenta con menos de 400 habitantes censados, es una pequeña localidad, pero grande en historia. Una historia de estratégia, de muerte, de destrucción, de victoria y derrota. 
El 25 de Julio de 1938, sus alrededores vivieron una de las más importantes batallas de la guerra, la batalla del Ebro. 
En la madrugada, al amparo de la noche, la 42 división republicana cruzó el río Ebro con ferocidad tratando de cortar las comunicaciones del bando nacional en la zona. Fayón, situado en un punto estratégico, era el eje vertebrador de toda la comarca, y como tal, estaba bien defendido. Pese a que los ataques republicanos fueron exitosos y bien planificados en un primer momento, la reacción del bando nacional no tardó en llegar haciendo retroceder nuevamente el frente en escasos días. El resultado de la contienda acabó con un saldo elevadísimo en los dos bandos, y con una tierra arrasada y quemada por los proyectiles de alto calibre lanzados en la batalla. 


El paso del Ebro
Durante años, el tiempo fue borrando poco a poco los vestigios dejados por la guerra, pero el hierro, el dolor y las historias perduraron en la memoria y en los campos que rodean la zona. 



Alrededores de Fayón que demuestran su importancia geoestratégica
En 2006, se oficializa la Asociación de la memória hístorica militar del Ebro. El objetivo de esta asociación es recopilar información, materiales y objetos diversos, clasificarlos y exponerlos para arrojar algo de luz sobre lo que el franquismo y otros sectores llevan años intentando esconder. Sin apenas ayuda gubernamental, y tan solo contando con el trabajo desinteresado de los socios (casi 200) el grupo va tomando forma y consiguen recolectar todo tipo de utensilios utilizados en la guerra civil, y más en concreto en la batalla del Ebro. 
Poco a poco, y con el esfuerzo de afiliados y amigos, la colección de documentación, historias personales y elementos de guerra empieza a dar sus frutos. Decenas de objetos se amontonan en talleres donde gracias a la restauración se les devuelve casi a su estado original. 

Debido a la abundancia de material, la asociación comienza a alquilar espacios que gradualmente se van quedando pequeños debido a la gran cantidad de elementos que conforman la colección. 
Actualmente, la asociación de la batalla del Ebro posee una enorme nave en la que se recrean diversos ambientes cotidianos del día a día de la época, además de la consabida exposición de objetos de carácter bélico que aumenta con el paso del tiempo. 

Fachada del centro expositivo
Una vez sobrepasada la entrada, los miembros al cargo se encargan de proporcianarnos un trato exquisito, mostrándonos detalles del espacio que a simple vista pasarían desapercibidos. El relato de las historias personales de personajes que vivieron la batalla, se entremezcla con las fotografías y vídeos que decoran la sala. Cada elemento, porta una pequeña placa identificativa, lo que hace muy didáctica la visita.

Un maniquí del bando nacional nos da la bienvenida

Pequeña barca transporta suministros de munición
Los paneles informativos dan cuenta de las historias de la batalla, como la de un grupo de soldados que, al verse acorralados por la ofensiva republicana, se refugiaron en una antigua cavidad horadada en la roca muy próxima al río Ebro.
El bando republicano, en su afán de cruzar el Ebro, tendió varios puentes, algunos capaces de soportar el peso de la maquinaria pesada. Esos puentes, tras continuos escarceos, fueron derribados paulativamente. 

Las fotos que decoran el espacio no tienen desperdicio
Una de las cosas a destacar de este múseo, es que hay zonas en las que como visitante es tu deber tocar y sentir los objetos. Produce cierto cúmulo de emociones el sostener con tus manos un proyectil de guerra o una granada de mano. 

Obligatorio tocar
Por supuesto, además de estar presente en todo momento la maquinaria bélica, también se muestran las consecuencias de dichas máquinas y artefactos.

Estragos en la trinchera
Probablemente, el museo de Fayón sea el más grande, el más completo, el más.... pero a su vez, es el más olvidado. Parece mentira que con una colección tan extensa y variada este museo no esté continuamente en el eje cultural de Aragón. Como veremos a continuación este emplazamiento no está promocionado como se merece. 

Proyectiles y sus consecuencias
Este museo se divide en varios espacios, en cada espacio podemos encontrar simulaciones a tamaño natural de las escenas más destacadas de la vida cotidianda en el frente. 





El museo posee tal cantidad de objetos que es imposible fijarse en todos los pequeños detalles que esconde cada escena, pero cada escenario nos regala una excelente toma fija de lo que debieron de vivir aquellas personas en esos tiempos tan convulsos. 

Parchís anti-franquista
Una de las estrellas de la colección (al menos para la persona que escribe estas líneas) es la bicicleta "armada". Se trata de una bicicleta aparentemente normal, pero con varios accesorios como granadas de mano en el manillar y un fusil preparado para entrar en combate. 


Vitrinas y más vitrinas, guardan verdaderos tesoros en perfecto estado de conservación. Emblemas, pistolas, granadas, tabaco, todo lo imaginable se puede encontrar en este museo. 

Espectacular colección de fusiles de todo calibre y forma
Granadas de mano
 Puedes perderte durante horas entre los miles de objetos expuestos
                   
Una vez sobrepasada esta primera parte de reconstrucciones y vitrinas, nos adentramos en "otro mundo". Sobre el suelo, y esparcidos a cientos, la asociación ha recreado como quedó el suelo de los alrededores de Fayón. El número de fragmentos que cayeron en la zona modificó la fisionomía de toda la zona. 

Después de la contienda
Los propietarios del museo realizaron una ardua labor de recolección de material por el procedimiento "puerta a puerta" en Fayón, además de ayudarse de sistemas de detección de metales. A día de hoy siguen apareciendo restos en los alrededores.



Quiero poner en valor la entrega y la dedicación de esta asociación. El simple hecho de disponer de tanto material y conseguir crear un museo y no una chatarrería ya tiene mérito. Las piezas se encuentran en pequeños espacios, pero en ningún momento dan la impresión de estar "amontonadas", más bien, parece que han conseguido un gran efecto visual convirtiendo el contenido en material didáctico bien organizado y sincronizado. El trabajo duro de restaurar, clasificar y mostrar creo que ha dado sus frutos. 

Los escenarios están muy trabajados
Otra de las muchas joyas que tiene este museo, es un tomavistas original de "Robert Cappa", seudónimo de Endre Erno Friedmann, corresponsal de guerra húngaro presente en la contienda. 

Tomavistas de Robert Kappa
La asociación no solo se dedica a reformar y meter en una vitrina los objetos que caen en sus manos. Seguro que todos hemos visto alguna pieza de su colección, pues suministran material de atrezzo a los directores de películas que lo solicitan. 

Films en los que han participado
Pero no solo facilitan materiales para películas ajenas, ellos mismos forman parte de una película. Cada año, a finales de Julio, Fayón se convierte en el centro de todas los interesados en militaria a nivel nacional, incluso mundial. Dos ejércitos en contienda, armados y uniformados con estricto rigor histórico, recrean la batalla del Ebro con artificios propios de las superproducciones de Hollywood. Cientos de personas dan vida a la historia simulando el paso del Ebro, incluyendo aviación y maquinaria pesada.  



Como podéis comprobar en el vídeo, el resultado es inmejorable. Y para comprobar la veracidad del esfuerzo y el ánimo de esta asociación, basta con dar un paseo por los alrededores de la nave museo, donde restauran,construyen y adaptan vehículos de gran tamaño para lucirlos en las representaciones anuales.


En las representaciones también se realizan otras actividades como mercados de militaria, charlas, etc. Lo que da a la recreación una envergadura importante a la que asiste un gran número de público. Desde el punto de vista organizativo es un rotundo éxito, puesto que por unos días al año pone a Fayón en el mapa, un reconocimiento del que carece injustamente el resto del año. 
Si no podemos disfrutar de la recreación en nuestra visita, siempre podemos ver los escenarios de la batalla. 

Parte del escenario de la recreación



A continuación, os dejo el link de la asociación, seguro que estarán encantados con vuestra visita.